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JC Mariátegui, Imperio, Soberanías, y Nación.
El Desafío de Peruanizar el Perú
Por Manuel Dammert Ego Aguirre
 

(Presentada al SIMPOSIO INTERNACIONAL “EL PENSAMIENTO DE MARIÁTEGUI Y LA AMÉRICA LATINA DE HOY”, 10-12 DE JUNIO DEL 2010 ,MUSEO DE LA NACIÓN) 

Este Simposio sirve de ocasión para reflexionar, a inicios del Siglo XXI, uno de los grandes tópicos de Mariátegui. El de la Nación ante el Imperio. Tópico que propugnó el Amauta al invocar a Peruanizar el Perú, perfilando una vía singular que uniera la pujanza andina indígena con el socialismo, nuestra propia tradición fundamental con lo más avanzado de la modernidad Occidental. Este Tópico nos permite tratar, en relación a Mariátegui, los temas fundamentales de la Soberanía y la Nación. Lo hacemos ante tres épocas distintas en el decurso histórico. Aquella de los Siglos de Imperios Europeos y la dominación colonial de América. También la de la nueva etapa imperialista del capitalismo a inicios del Siglo XX. Y en la actual reificación en el Siglo XXI de una globalización en la cual un imperialismo unipolar pretende ser Imperio, con un nuevo poder concentrado de soberanía.  Veremos los desafíos, en este proceso histórico, de la propuesta mariateguista de Peruanizar el Perú 
 

  1. Las Soberanías del Imperio Español, el Reino del Perú y la Herencia Colonial en la Republica Independiente

Mariátegui tuvo una certera intuición cuando señaló que la nación continuaba la herencia colonial. Lo indicó para la economía supeditada, y lo marcó a fuego para las mayorías indígenas excluidas de la nación. Para forjar la nación, debían superarse las añoranzas del Perú como Reino que seguían inscritas en los fastos de la República Criolla, la que pretendía hacer un país sin indios, subordinado a las nuevas condiciones que imponían el Imperio Inglés, y la naciente revolución industrial. 

El Imperio Español, al conquistar América, pudo imponer su hegemonía en Europa. Lo hizo gracias al oro y la plata de América, que resumaban la sangre y el esfuerzo indígena, y con las extendidas plantaciones agrocomerciales basadas en la esclavitud de africanos importados. Tuvo dos grandes momentos de la Soberanía Imperial, varios siglos con los Habsburgos y la crisis final con los  Borbones.  

El Reino de los Habsburgos era Imperio con Virreinatos, con los  que compartían aspectos específicos de soberanía, sin ceder sus potestades máximas. En este régimen incluían a los pueblos sojuzgados, como lo fue las “republica de indios” impuestas en América.  

El Rey y la monarquía del Imperio instalaron varios siglos de un régimen imperial, en el cual el titular de los bienes era el monarca, el que los administraba con Reinos delegados, pudiendo sus súbditos apelar hasta el Rey mismo, que era siempre la sede absoluta de la soberanía. En América formaron primeros dos Virreinatos, uno de ellos el del Perú, el principal al tener las minas de Potosí, que por varios siglos aportó el dinero metálico al mercado mundial. En el Virreinato del Perú se formó en Lima una elite comercial nobiliaria, la que albergó, alimento y construyó el imaginario de no solo ampliar el rol de los criollos en los cargos públicos sino principalmente la de hacer del Perú un Reino con mayores atribuciones. Ésta va a ser la fuente de una poderosa tradición conservadora, que influencia hasta el presente, a la que va a criticar ácidamente Mariátegui.  

Ante la crisis Imperial y el crecimiento del libre comercio, el Imperio recorta el Virreinato del Perú, para formar dos nuevos Virreinatos, de Nueva Granada y del Río de la Plata. A este último incluso le asignaron Potosí y  acceso al Pacífico. El proyecto del Reino del Perú, se sentía afectado, recortado, en peligro. 

Mariátegui vislumbró el significado de la revolución de Túpac Amaru, la cual con las luchas sociales en el Siglo XX se hizo más evidente. Podemos apreciar ahora que con Túpac Amaru en 1780 el propósito era de un cambio en los fundamentos de la Soberanía. No el co-reino de la nobleza inca con el Rey, como  dibujaban cronistas indígenas para el Mapamundi de la época. Era más que solo el reemplazo de una nobleza, la hispana, por otra, como lo soñaban varios monarquistas. El nuevo sentido lo pudo vislumbrar Vizcardo y Guzman, en su Carta a los Españoles Americanos, cuando propugnaba la Independencia en alianza con la nobleza Inca. La acción insurgente de Túpac Amaru era mayor. Se trataba de una revolución nacional, de la formación de una nueva comunidad política. Era trastocar la propia soberanía, en cuya comunidad se debían incluir las elites indígenas y los diversos sectores de la amplia nación continental. 

Esta posibilidad de trastoque de la soberanía, fue lo que llevó a la reacción colonial de destrucción de las elites indígenas en el Virreinato del Perú, lo que fue financiado por la elite nobiliaria comercial de Lima, en deuda que no seria nunca pagada por la Corona Española.    

Fue similar al impacto que años después en 1803 tendrá otro gran fantasma para el Imperio que fue la Revolución de Haití. En ella los esclavos vencen a las potencias imperiales europeas y forman una República, que asume la soberanía de su destino, y anula la esclavitud impuesta por la colonia.                       

Quienes en el Perú activaban por instalar un Reino, se sintieron no solo amenazados por los fantasmas de nuevas soberanías. La nueva dinastía de los Borbones, propugnadores de la nación imperial y la reconcentración de los atributos de soberanía en el Estado absolutista,  los amenazaba en forma inmediata con los recortes “territoriales” y con la exclusión de los  criollos de los cargos públicos.  

La invasión francesa napoleónica a España y la captura de la soberanía de la corte imponiendo nuevo monarca, fue respondida por las Cortes de Cádiz. Algunos epígonos han denominado entusiastamente como el periodo “liberal” español a las normas electivas de Cádiz y la formación de juntas en América. Es la versión edulcorada del sueño monarquista desde América. Al abrirse la crisis, más bien ingresaron impetuosas las aspiraciones de soberanía, asentadas en nuevas comunidades políticas independientes. Es la lucha por las Republicas y la Patria Grande. 

Mariátegui formuló claramente que en Perú, con la República se conquista la Independencia, pero se da continuidad a la herencia colonial en la economía y en la exclusión de la mayoría indígena. Quedaba pendiente que se formara una comunidad política soberana con el Perú como Nación. Estaban vigentes las añoranzas de una tradición colonial, que iba a singularizarse en Riva Agüero, con  el ensueño colonial del “Reino del Perú”, de un territorio de incas sin indios y de soberanía nobiliaria. Pero las tragedias de la segunda mitad del siglo XIX y la irrupción de masas en los inicios del Siglo XX,  mostraban la naciente comunidad nacional. Mariátegui formula la urgencia de Peruanizar  el Perú,  es decir, afirmarlo como Nación, sustento en una nueva soberanía de la cual es depositaria el pueblo como sujeto histórico de libertades.        
 

  1. El Imperialismo, las soberanías recortadas y la creación del socialismo indoamericano sin calco ni copia
 

Mariátegui vive intensamente su época, y al descifrar la escena mundial, también aprecia los cursos posibles del Perú como nación. 

Señala que se vivía la nueva etapa del capitalismo, la del Imperialismo. Este no era solo el crecimiento del industrialismo y  la exportación del capital desde Europa a otras zonas del mundo. Era también una redefinición de otros aspectos de la vida política y social, que ahora podemos apreciar desde la perspectiva de la Soberanía. 

La nueva etapa Imperialista, cambiaba la relación entre economía y política. Mariátegui desde el marxismo creador, incorpora enfoques gramscianos ( hegemonía cultural) y sorelianos (mito social), que le permiten apreciar la nueva complejidad de estas dimensiones.  El Imperialismo, acentuaba el mercado supuestamente autorregulado, que se extendía en el mundo, en una nueva relación  de países dominantes que saquean los recursos naturales de los países dominados, a los que reducen a compradores de sus bienes manufacturados si bien les mantienen una independencia recortada. Este dominio económico se hacia con el control directo a través de inversiones, pero también con la supeditación de algunas clases sociales de los países dominados. 

La soberanía de las repúblicas se ve recortada desde dentro. Ante todo, enfrentando a las naciones de Suramérica entre si, impidiendo su integración. El dominio imperialista además en los países coopta sectores sociales intermedios y se puede disfrazar incluso tras demagogias supuestamente nacionalistas, que hacían de la nación un decorado y no un sustantivo de soberanía. Podemos reconocer, con una apreciación actual, que el recorte de la soberanía se produce al depositarse su sede en el Estado Oligárquico, y no en una comunidad política a la que se desintegra. En la Independencia la primera República del Perú se forma excluyendo a la mayoría nacional indígena, y a los nuevos grupos sociales de trabajadores y de grupos urbanos. Esta va a ser la crítica fundamental de Mariátegui. La Peruanización del Perú es la gran tarea que asienta la soberanía en la comunidad política del pueblo, como sujeto social de cambio y ejercicio del poder. 

Mariátegui, al analizar tan agudamente la escena mundial, acentúa las nuevas formas de expresión de las masas en los atributos de soberanía, en las fábricas, en las localidades, en los Estados, en la cultura. La Revolución de los Soviets, las vicisitudes de las revoluciones derrotadas en Europa, los cambios en Asia y la Revolución en México, van a darle enseñanzas fundamentales en la perspectiva de asentar la soberanía en la sociedad y en sus múltiples formas de vida y actividad. Señala, con énfasis, la aguda crisis cardiaca del parlamentarismo europeo. No reduce la soberanía a las formas políticas de representación, pero tampoco las anula. 

Afirmar la nación, peruanizar el Perú, es asumido como una perspectiva de varias dimensiones de la República, que son económicas, políticas, sociales y culturales. Señala la heterogeneidad estructural del país, para afirmar que la comunidad campesina, y su reciprocidad,  aporta una vía sustantiva y propia para el desarrollo. Reconoce en la organización de los trabajadores, el baluarte fundamental de la conquista de los derechos de la población. Hace de la lucha cultural, una estrategia básica de la forja de hegemonía en la transformación de la soberanía. Perfila la crítica al sistema presidencialista, y su base de herencia colonial, lo que nos abre perspectivas a nuevos sistemas de representación de la soberanía democrática. 

El socialismo de Mariátegui  tiene estas singularidades. Las apreciamos mejor desde la perspectiva de la soberanía de la comunidad que constituye el pueblo. 
 

  1. La Reificación del Imperio unipolar, El Perú entre la Des-topia neoliberal y la Soberanía ciudadana nacional.
 

El tópico  Mariateguiano de Peruanizar el Perú, adquiere actualidad, vigencia y urgencia, ante las nuevas condiciones del Mundo. No estamos ante los Imperios coloniales, ni ante el imperialismo como nueva etapa del capitalismo. Desde los años 70 del Siglo XX la humanidad ha entrado a una nueva Era, que llamase digital, informacional, de la comunicación, posindustrial, de globalización, es un nuevo estadio general de la humanidad tras las eras agraria e industrial.      

Uno de los cambios de esta nueva era, es el predominio de los Estados Unidos de Norteamérica (USA), como la potencia uni-polar, industrial y militar. Tras la crisis del comunismo burocrático y el fin de la guerra fría, el capitalismo se ha afirmado en el planeta, con USA como su centro hegemónico.  

La potencia imperialista más importante, se reifica, se reinventa en su dominación, actúa como si fuese una entidad nueva, distinta al imperialismo. Se asume como Imperio, para desplegar su dominio. Más cerca de lo que era el Imperio Romano,  que de los Imperios del Caballo y el Hierro de Asia y África, y que de los imperios Europeos de inicios de la modernidad. Imperio de un fin de la historia, arraigado en la idea hegeliana de ser la ultima etapa de la humanidad. Por tanto, autorreferido como eterno, perenne.  

Por esta reificación de su Imperialismo como Imperio, se signa y actúa con atributos reificados. 

  • Asume que el valor de su moneda, que puede imprimir sin respaldo alguno,  no descansa en el oro de su banco central sino en el poderío de sus armas extendidas en el planeta.
  • Hace de su sistema financiero desregulado, con Wall Street como símbolo máxima, el eje de construcción de plusvalías fugaces, expoliadas en todo el mundo.
  • Cava una brecha abismal entre la economía casino que conduce, y la  producción mundial, afectada por la crisis energética de los combustibles fósiles, la crisis ambiental con el calentamiento global, y la crisis en la  producción de alimentos. 
  • Se asigna así mismo el rol de Policía Universal, que asume en permanente excepcionalidad de las normas de las Naciones Unidas y de otros protocolos de gobierno internacional que comparten soberanía.
  • Establece ante si que su seguridad nacional de Estado no tiene fronteras, ni en la intimidad y conciencia de sus ciudadanos, ni en el espacio mundial de los Estado-nación, por lo que asume y actúa con la doctrina de la intervención preventiva decidida por sí mismo, para sí mismo y con pretextos fabricados ante la ausencia de razones.
  • Se asume como la “nación-destino”, a la que no solo deben supeditarse las demás, sino que tiene “derechos” y “capacidades” para establecer cuales son “estados fallidos” que deben desaparecer, y a cuales puede bloquear, restringir o limitar arbitrariamente.
  • Trata de impedir que se acerquen e integren las naciones en unidades continentales, como la hace en Suramérica, continente que en el bicentenario de su independencia ha retomado los caminos de su integración como patria grande
 

Para algunos autores, de variadas corrientes, esta nueva condición de Imperio, expresaría una nueva etapa irreversible de la humanidad, pues el Imperio sería la nueva sede de la Soberanía. El Neo-liberalismo es su expresión más sistemática y de gobierno en variados Estados. Pero también algunos, como Hard y Negri, lo asumen como un poder-red, multiforme, de control de la producción de vida, sin lugar, sin fronteras, gobernando el espacio mundial anónimamente, que seria la nueva sede de Soberanía, del poder. Para estas diversas corrientes, los Estado-Nación, como espacio de las soberanías, se diluirían ante este nuevo poder que ha concentrado toda la soberanía. Viviríamos el Siglo sin naciones, con el Imperio Global.   

Frente a estas interpretaciones, es más actual que nunca, el imperativo mariateguiano de Peruanizar el Perú en un mundo nuevo.  

En el Perú, la elite dominante, que tiene añoranzas del Reino nobiliario, y que aprendió la gobernabilidad de la oligarquía, ya perdió sus bases de poder anteriores y se   adecúa a este Reificación del Imperio. Para ello, asume el Perú como una Des-topía. Es decir, como un Lugar sin Nación, como un territorio de flujos, en el cual solo les queda ser lobbystas intermediarios de los grandes flujos del capital internacional. Esta Des-topía no requiere comunidad de ciudadanos con soberanía, por lo que reducen la política al espectáculo, mientras organizan el Estado en base a un exacerbado presidencialismo, cuasi monárquico, que se asume sobre todo  como el orquestador de la entrada de inversiones transnacionales a los recursos de la nación.   Corporativizan el territorio en fragmentado archipiélago minero-energético, en los cuales las empresas internacionales asumen los atributos del poder local, en pacto con la elite del Estado.                   

Las reificaciones del Imperio y la Des-topía, son objetos que se pretenden naturalizados y eternos. El curso de la historia los vuelve a la realidad, que la crítica emancipadora adelanta. El Imperio USA no solo ha generado la profunda recesión actual y la crisis de la economía casino, sino que la sobre acumulación se ha expresado en una multipolaridad económica mundial, en la cual países emergentes están reconfigurando la escena mundial, con creciente independencia del poder imperial. Ha entrado en crisis la centralidad euroamericana y su colonialidad del Poder; se ha abierto el encuentro  fructífero de civilizaciones y la emancipación multipolar. Los Estados Nación, desmintiendo la propaganda que van a desaparecer, se afirman como instrumentos fundamentales para hacer frente a la crisis del capitalismo actual. Para ello requieren superar las Repúblicas elitistas, que expropian la soberanía a los pueblos para encerrarla en las oligarquías, en la jefatura de Estado o en sus cuerpos de representación. Es necesario refundar la República, sustentándola en la soberanía afincada en la comunidad de ciudadanos, libres, justos, solidarios,  la que institucionaliza el campo de la política, sin dejar de mandar participativamente. Los nuevos desafíos de la humanidad en la nueva era digital, desafíos ambientales, energéticos, alimentarios, biológicos,  productivos, sociales, de conocimiento, dan y requieren  mayor fuerza de los derechos de los ciudadanos, depositarios del poder soberano en el marco territorial de los Estados nación y los sistemas de gobierno continental y mundial compartido. 

Una rotunda expresión de estas nuevas condiciones, que enfrentan al Imperio y abren nuevas perspectivas, lo constituye el decisivo proceso de acercamiento e integración entre los países de Suramérica. En el Bicentenario de la  Independencia, Suramérica ha logrado los mayores márgenes de autonomía, y los más concretos pasos de integración. Suramérica es un creciente poder mundial civilizatorio, de carácter  andino-amazónico-criollo. Los diversos Estados nación intensifican sus acercamientos, asumiendo que las perspectivas de cada uno se potencian con la unidad continental. Somos naciones bifrontes: somos naciones que formamos una Patria Grande. Tenemos una común historia y un futuro conjunto. La Peruanización del Perú, pasa por ser firmes y claros en nuestra pertenencia a la comunidad de naciones de Suramérica.           

En las nuevas condiciones, y ante las amenazas y desafíos del Imperio, adquieren mayor perspectiva la Propuesta de Mariátegui para Peruanizar el Perú, uniendo nuestra tradición social con los más avanzado de la humanidad. Para afirmar la nación, hay que afianzar la soberanía en la comunidad pluricultural de ciudadanos. Para que el poder de soberanía se ejerza con las mediaciones correspondientes, hay que refundar la República, en una democracia de ciudadanos con plenos derechos y capacidades sociales y autonómicas. Para consolidar la Nación, hay que forjar el mercado nacional, articulando sus potencialidades y saberes ancestrales, recuperando los recursos naturales, integrándose en la patria grande suramericana, abriéndose en forma competitiva al mundo.      

Adquiere mayor fuerza que nunca, en el desafío para la emancipación ante el Imperio, la lucha por afirmar la nación como comunidad social de ciudadanos, en una Patria Grande Suramericana. La lucha emancipatoria, es una lucha con un mito social, por el pan y la belleza, por una vida buena, con moral de productores. Son estos los fundamentos del poder democrático de soberanía, en la tarea todavía pendiente de Peruanizar el Perú.